28.2.09

Mario Méndez, el pintor que ahora dirige el Instituto Cultural de León

Recuerdo la primera exposición individual de Mario Méndez, N(e)u(rotica), constituida por una serie de acrílicos que impulsaban un juego visual en el que la noche devenía un contagio de pliegues para el deseo del espectador: una complicidad para la mirada de quien en la sombra común ha intentado descifrarse conforme se desboca; pero una complicidad que, cuadro a cuadro, tentaba con sabida perversión.

Ello me daba una sensación semejante a la de los versos de Trakl: "Abandónate/si ebrio de vino/ la cabeza cae en el arroyo..."

Curada por el fallido artista plástico de nombre Juan Meliá, presentada por la fotógrafa Irma Dugelby y por el el pintor Antonio Ehrenzweig, con epígrafe del escritor Víctor Ponce, la exposición ofrecida en la hoy inexistente "Casa Madero" de León, México, detonó una crisis en la visibilidad.

Eran los días en que México padecía la pax del priato, cuando era posible caminar las calles de León, Acapulco, Morelia, Ciudad de México, Cancún, Guadalajara, ... sin escuchar las sirenas de las patrullas a toda hora, sin el ruido de metralla, sin observar los cuerpos de ejecutados, de decapitados, sin exponerse uno a las esquirlas de las granadas, sin el agobio de policías torturadores que nos dieron Vicente Fox y el Partido Acción Nacional y la iglesia católica, ... Y que salvajemente acrecentó el usurpador, el espurio Felipe Calderón.

Lo que más pudo causar azoro entonces fue la reacción de una mujer enana que envío televisión azteca para cubrir el evento, bely o belly razo, es su nombre, quien abandonó la exposición diciendo que no cubriría un reporte con imágenes de jotos, algo así dijo esta miniatura de la humanidad deforme que actualmente conduce un noticiero de León, México.

Y es que la crisis de la visibilidad irradiaba con gran contundencia desde la obra de Méndez: uno ya no era el mismo por la percepción de lo originario a través de esta obra. Pues tal obra creaba un público al que el artista como gran seductor sin duda abandonaba en sus incógnitas, lleno de avidez, de oscuras y luminosas ganas. Digo yo, nomás por chorear.

Ahora el pintor llega a la dirección del Instituto Cultural de León y uno sólo puede apasionarse ante lo que puede venir por su causa en un país que sigue desmoronándose.

Si el arte puede salvarnos en momentos tan graves, si la sensibilidad y la inteligencia dan vía a la esperanza contra toda insensatez, si la crisis causada en una obra puede originar la creación de más ser, si un artista al llegar a una institución del Estado alienta y emociona, pues entonces uno se congratula porque el pintor Mario Méndez dirija el Instituto Cultural de León y críticamente está dispuesto a bregar con él.





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