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5.2.12

Andrés Manuel López Obrador , La República Amorosa, el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), y la desolación




Desde que fue manifiesto el fraude electoral del 2006 en México, este blog se adhirió a la lucha de Andrés Manuel López Obrador por lo que aquéllo implicaba para un Estado nacional: cuando el primero que viola la ley es el gobernante, la anormalidad queda instaurada (Foucault).

La situación presente de México es la de un estado fallido: la corrupción infesta las instituciones que, sin embargo, son avaladas de manera mayoritaria por la ciudadanía -incapaz, por cierto, de comprensión lectora, de abstracción, fracasada en su capacidad de análisis matemático-: una población cuya hostilidad hacia la democracia se gesta en la imposibilidad de crearse a sí misma y a través de una conciencia crítica.

La situación presente de México es la de un país desmoronado por la guerra. No hay justicia: las decenas de miles de asesinados aumentan, permanecen impunes en un país donde menos del cinco por ciento de los delitos son denunciados, o investigados, o sancionados. Los criminales y su fiesta sangrienta hayan en ello una justificación. No sería difícil delirar una ontología del infierno a la vista de lo que ocurre en prácticamente la totalidad del territorio mexicano.

La situación presente de México es la de una nación donde la seguridad pública se ha disipado. El año 2006 indica un antes y un después del salvajismo: La saña, la violencia, la horfandad comunitaria desde entonces se desbordan y han causado un delirio de persecución que sofoca la vida social, un sentimiento de naturaleza tan primitiva que la formulación de cualquier pregunta es desplazada por el terror que ha permeado la vida cotidiana: la vulnerabilidad se concreta de tajo con cada "ejecución" criminal.

Felipe Calderón Hinojosa, y cómplices dentro y fuera de su gobierno canceroso, deberá ser juzgado, tarde o temprano y sin duda no en un país donde la legalidad es nula, por crímenes de lesa humanidad. El Partido Acción Nacional (PAN), con seguridad pronto ocupará su lugar justo en la memoria, al lado de otros, también de la ultraderecha radical, como el Nacionalsocialista Obrero Alemán (Partido Nazi) de la Alemania de Adolf Hitler.

Frente a tal panorama donde la desolación no se escatima, el presidente legítimo de México, Andrés Manuel López Obrador, busca reelegirse.

Frente al fracaso institucional, el presidente legítimo de México ahora calla y se inscribe en él con desparpajo, con naturalidad. Al respecto, la elocuencia de su silencio frente al asesinato de estudiantes de la Normal de Ayptzinapa, en Guerrero, México, y su apoyo implícito al gobernador perredista de dicha entidad lo exhiben.

Frente a la corrupción que desmorona la vida en México, el presidente legítimo de México incluye en su equipo de campaña lo mismo a René Bejarano que a Manuel Bartlett, a Dolores Padierna que a Gerardo Fernández Noroña, por mencionar sólo a algunos personajes de la política siempre infame.

Desde este blog ahora es necesario asumir una postura con coherencia al respecto. Frente a Andrés Manuel López Obrador y a lo que expresa su movimiento -la continuidad en la pudrición, la complicidad con la desolación-, este blog afirma no sólo su distanciamiento sino una franca antagonía.

La democracia en México, para serlo, tendría que darse sin la participación de la totalidad de políticos y partidos, burócratas e instituciones actuales, y con otra, ésa sí legítima, genuina, sociedad de personas o ciudadanía de conciencias críticas.

Tal vez no esté de más agregar que la tal República Amorosa, por supuesto, remite menos a lo que canta el poeta que al infierno y sus impasses:

Amar es una cólera secreta,
una helada y diabólica soberbia.

Xavier Villaurrutia




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